Necesitamos una estrella, una luz intensa que ilumine a cuantos nos ponemos en camino, hasta encontramos con Jesús, nuestra verdadera luz.
El niño Jesús ha nacido en tu corazón y se ha quedado por siempre en él, como queda el rocío en las flores tempranas, para dar el mejor aroma del amor.
Con esta breve introducción, el Consejo Estudiantil, quiere desearles a ustedes y a toda la familia dominicana un año lleno de amor, de paz, de alegría, de esperanza, para que las tinieblas de la incertidumbre sean disipadas con la presencia de la verdadera estrella que guio a los reyes magos de oriente.
¿Pero, quiénes eran los reyes magos?
Los Reyes Magos eran personas comunes, como tú y yo, que se arriesgaron a ponerse en camino, para buscar a Jesús, guiados por una estrella. De la misma manera, nosotros los jóvenes también estamos en camino: cimentando nuestra fe, aprendiendo a crecer, descubriendo los deseos más profundos de nuestros corazones, equivocándonos y volviendo a empezar, perseverando en todo lo que nos proponemos hasta lograr nuestro objetivo.
En esta época tan especial de la Epifanía, quiero proponerles que al igual que los reyes magos le entreguemos nuestros regalos más preciados al niño Jesús, sin esperar nada a cambio. Los tres regalos que los Reyes Magos ofrecieron al Niño pueden representar aquello que nosotros estamos llamados a darle.
El oro simboliza el amor que se cuida cada día. Así como un jardinero cuida con dedicación su florecilla para que no se marchite, así también nosotros debemos de cuidar nuestro amor a Dios, acudiendo a Él mediante acciones que reflejen cuánto lo queremos. ¿No les ha pasado que, cuando no quieren perder a alguien o algo, hacen todo lo posible por demostrar cuánto les importa? Pues, ¡qué tragedia sería descuidar y perder nuestro amor hacia Jesús mismo!
El incienso representa la presencia de Dios en nuestras vidas. La relación con nuestro Creador es fundamental en nuestro caminar por este pequeño mundo. ¿Cómo es nuestra relación con nuestro Padre del Cielo? A veces llevamos heridas dentro del corazón, sentimos que el mundo no tiene sentido y nos cuesta abrirnos a Dios, porque pensamos que no nos va a escuchar. Pero ¿qué padre no conoce el corazón de su hijo? Él, como nadie, conoce los deseos, los sufrimientos y las alegrías más profundas de nuestra alma; por eso, abandonarnos en sus brazos, como un niño en los brazos de su padre, es una de las mejores decisiones que podemos tomar.
Y, por último, la mirra, que representa los sacrificios: ese aprender a amar cuando más nos cuesta. El amor no siempre se refleja en la cantidad de abrazos o palabras bonitas que damos, sino en aquello que estamos dispuestos a dejar atrás por la otra persona. Amar también es olvidarnos un poco de nosotros mismos para mirar al otro. Jesús hizo el sacrificio más grande de la humanidad y nos miró a cada uno con un amor que no hay palabras para describir. A veces, abrazar la cruz no es señal de derrota, sino de victoria frente a nuestros pecados.
! Señor, yo lo dejo todo para tenerlo todo!
Gracias por comenzar este nuevo año junto a la comunidad dominicana. Que Dios permanezca en nuestros corazones y en los de nuestras familias.
Daniela Alexandra Reinoso Pesantes
PRESIDENTA DEL CONSEJO ESTUDIANTIL